lunes, 25 de enero de 2010

Las Comunidades Autofinanciadas CAF se consolidan en Madrid

Publicado por: Daniel Jiménez En 14 Septiembre 2009 (11:01 am)
Economía solidaria (Noticias Positivas)

Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen. Una Comunidad de Autogestión Financiera (CAF) está formada por socios que aportan pequeñas cantidades de dinero a un fondo común. El dinero recaudado con este método se emplea en la concesión de pequeños préstamos para los propios socios, que de este modo pueden cubrir muchos de sus gastos cotidianos. El modelo nació en Cataluña pero gracias a la Cooperativa de Iniciativa Social Transformando también ha llegado a Madrid.

El emprendedor social Jean Claude Rodríguez creó hace cinco años este modelo de microfinanzas, que promueve a través de la Asociación CAF, radicada en Barcelona. Rodríguez se inspiró en diversos grupos que conoció en América Latina, cuyos miembros solían reunirse para prestarse fondos entre ellos. Entonces decidió trabajar en el perfeccionamiento de este tipo de prácticas, dando así origen a un sistema autofinanciado y autogestionado cuya esencia sigue fiel a estos orígenes: todos los recursos de la CAF son generados por las aportaciones de los socios, que son asimismo los demandantes de los créditos que otorga la comunidad.

Actualmente, hay una veintena de CAF en Cataluña y otras tres más en Madrid, adonde llegó la iniciativa hace dos años de la mano de la Cooperativa de Iniciativa Social Transformando. Antes fue necesario un intenso proceso de estudio que permitiera comprender correctamente la metodología de las comunidades. Este conocimiento es básico para no desvirtuar el modelo, como destaca José Fernando García, uno de los responsables del proyecto CAF en Transformando. “Al principio se comenzó con dos grupos piloto. Ahora contamos con tres grupos y la perspectiva es que surjan más en el futuro”, añade.

García explicó a Noticias Positivas las reglas básicas del funcionamiento de una CAF. En primer lugar, los socios se reúnen una vez al mes, y todas las decisiones que se vayan a adoptar, tomadas siempre de forma consensuada y asamblearia, deben realizarse dentro de este tipo de encuentros y nunca fuera de los mismos. El voto de cada uno de los participantes tiene el mismo valor.

“El primer aporte que se realiza suele estar entre los 30 y los 50 euros al mes, y los créditos que se conceden a los socios tienen una cuantía situada entre los 300 y los 600 euros de media, aunque todo esto depende de la cantidad de ahorros que tenga cada CAF, que suele depender de su antigüedad, así como del número de miembros del grupo” señala García. Los préstamos se destinan a cubrir las necesidades del día a día. “Por ejemplo, los inmigrantes los utilizan para enviar dinero a sus familiares o para viajar a sus países de origen. También se emplean para la compra o reparación de electrodomésticos, el pago de la fianza del piso o la adquisición de material escolar”. El crédito máximo que se puede conceder nunca podrá ser superior a cuatro veces el capital que se aporta al mes. Por ejemplo, si el socio aporta 50 euros, no podrá recibir un préstamo mayor de 200 euros.

El tiempo máximo de devolución del dinero prestado se sitúa entre los cuatro y los seis meses, y el tipo de interés que se paga suele ser fijado entre el 1% y el 2% mensual. “El objetivo de este tipo de interés no es lucrarse” advierte García, que explica que al término de cada año, el dinero obtenido por los intereses dentro de la CAF se reparte de forma proporcional entre los socios, según las aportaciones de cada uno de ellos. “Es decir, realmente no estás pagando intereses porque al final el dinero se te acaba devolviendo”.

Las microfinanzas como dinamizadoras de las redes sociales.
Una de las particularidades de las CAF es que no sólo permiten a sus socios acceder a pequeños préstamos y ahorrar dinero. Al margen de las ventajas financieras, estas comunidades son un interesante instrumento para promocionar la participación, la solidaridad y el apoyo mutuo entre los miembros. “Rodríguez se dio cuenta de que su modelo tenía una acogida muy destacada entre los inmigrantes. Esto se debe a que en sus países de origen ya conocían estos sistemas, y también a la falta de una red social, ya que los inmigrantes no suelen estar cerca de familiares y amigos si necesitan dinero”, afirma García.

Si en las CAF es fundamental ser fiel a la metodología, otro factor ineludible es la existencia de relaciones de confianza entre los miembros. De hecho, todos los componentes de los grupos se conocen previamente. Suelen ser amigos, parientes o miembros de otras asociaciones. En el caso de las tres CAF de Madrid, una está compuesta por los trabajadores de una empresa de hostelería, mientras que otra surgió a partir de una asociación de mujeres latinoamericanas, y la última está promovida por otra asociación, en este caso de inmigrantes paraguayos. “A veces, de una CAF también pueden surgir nuevas asociaciones. Un caso muy claro lo tenemos en una de las CAF más potentes de Barcelona, que ahora también se está dedicando a buscar pisos asequibles”, destaca el responsable del proyecto en Transformando.

El establecimiento de este tipo de lazos permite generar redes de apoyo que resultan de gran ayuda para quienes pierden su empleo o tienen pocos recursos, alejando así los riesgos de caer en una situación de exclusión social. Las CAF también estimulan el crecimiento personal de sus socios, ya que dentro de cada grupo se establecen una serie de cargos de gestión rotativos que suponen un entrenamiento en habilidades financieras y sociales para estas personas, beneficiando al mismo tiempo a todo el colectivo.
Autor: Redacción/Daniel Jiménez
Foto: Web de Transformando.


DATOS DE CONTACTO:
Dirección: www.transformando.org; www.comunidadescaf.org/web/caf.html

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